Relato XXII: Solo deseo hablar contigo

Cada viernes por la tarde, día cuando solía estar ausente clientela alguna en el burdel de la Madame Flor. Las meretrices aprovecharon el tiempo muerto para intercambiar experiencias sobre su oficio de acompañantes. -Hace años -comenzó Giselle- conocí a un anciano que podía rondar los setenta años. Recuerdo que siempre me elegía a mi entre las demás. Al llegar al spa donde yo trabajaba, no pedía a otra chica diferente. -Eso es poco creíble -dijo Penélope-. No eres nada atractiva o interesante. De hecho, entre nosotras eres la que menos clientes levanta. -¡ CÁLLATE ZORRA! -intervino Geraldine-. Déjala continuar con su relato. Además si de belleza o atractivo se refiere, tú estás muy lejos de ello. -¿Qué dijiste, maldita? -Exclamó Penélope-. -¡CALLENSE CARAJO! -Gritó desde el fondo del burdel la Madame Flor. Permitan continuar a Giselle, y a la próxima que interrumpa le quitó dos días de descanso. -Era un señor que irradiaba tranquilidad y ternura -Retomó su relato Gi...