Reseña: El duelo, de Anton Chejov
Para Milena Di Scala. Siempre echaré de menos esa sonrisa, que aún, ante la peor adversidad. Jamás desaparecía de tu rostro.
Mi experiencia leyendo a Anton Chejov se limitaba al cuento corto -en dónde es considerado una de los grandes exponentes del género- y hace unos años con la lectura de sus obras teatrales más conocidas: La gaviota, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos.
A este autor ruso se le conoce por su economía en la escritura y su sentido del humor. Además de su imaginación, al momento de crear historias que cautivan al lector, una vez iniciada la lectura.
Lo más reciente que leí del autor fue una obra corta de teatro titulada La petición de matrimonio. Obra en dónde se nos expone en un solo acto, como un joven acaudalado terrateniente, visita la casa de aquella que desea convertir en su esposa. Pero rápidamente, la trama toma un giro abrupto, cuando inicia una discusión para dejar en claro, quien es el verdadero poseedor de unas tierras.
El duelo es una de sus pocas novelas escritas. En dónde a través de un grupo de personajes, se nos retrata dilemas morales, cuestionamientos personales y problemas cotidianos en el territorio del Caucaso durante el S. XIX.
Laievski es un charlatán, pusilánime, clasista, hipócrita, egoísta, misógino y oportunista. Que no encuentra la respuesta a algo que lo atormenta y según sus palabras: suicida y ahoga su existencia.
Culpa de esta indecisión a su pareja Nadejda, esposa de otro hombre, que abandonó todo por estar a su lado. A la cual ahora aborrece.
Nadejda es una mujer vanidosa que se autoproclama como la más bella, joven e intelectual de esa región. En secreto de su ahora pareja, le ha sido tanto infiel, aunque convencida de que su traición no fue total, por aún seguir amando a Laievski. A quien a su vez, también le ha generado una deuda de más de 300 rublos.
A la historia se suman personajes como El diacono, un eclesiástico, enviado para una misión al Caucaso, que rápidamente forja una entrañable relación de camaradería con el doctor y el zoologo; Samoilenko, doctor de profesión, muy amigo del protagonista. Afable y condescendiente, Pero que le avergüenza mostrar su bondad en público. Así que procura ocultarla bajo una falsa seriedad y aspereza y de último, Pero no menos importante. Von Koren, zoologo de profesión, es un joven moreno, recién llegado al mar negro en verano, para la investigación de las medusas. Es la viva imagen del estoicismo y gran defensor de los fuertes. Trata a Laievski como a un don nadie, un fracasado, un peligro, igual de dañino que la bacteria del cólera. No le compadece, al punto de afirmar que ahogarlo sería un acto que beneficiaria a la sociedad.
Cabe aclarar que al tratarse de un género en el que poco incursionó Anton Chejov, entonces es comprensible el moderado ritmo de su narración, a comparación de sus relatos. Mismo ritmo sosegado puede encontrarse en su teatro más conocido.
No obstante, sigue manteniendo el ingenio a la hora de retratar situaciones y el humor que impregna por momentos a sus historias. Sus personajes también siguen siendo un fuerte en el autor, dotando de personalidades bastante realistas(algo muy presente en la literatura rusa clásica), sus premisas siguen manteniendo esa línea que se aleja de la fantasía. Describiendo ambiciones, derrotas, vivencias, conflictos, dudas y relaciones humanas.
Una vez finalizado el libro, la relectura del mismo, al analizar aquello que me queda de aprendizaje. Sería con la evolución de los dos personajes principales, enseñando como debería ser el desenlace de todo conflicto o disputa; en sus dos últimos capitulos pasamos de dos hombres batiéndose a duelo, para al siguiente, escuchar al diácono decir: <<Que gente, sin duda Dios ha sembrado una viña en ellos, y usted, déjeme felicitarlo porque ha logrado vencer al mayor enemigo del hombre: El orgullo.>>
Conclusión: estamos ante una novela que requiere leerse al detalle y con paciencia. Pero que una vez conectas con sus personajes. Esto es suficiente para lograr mantenerte interesado en el desarrollo de los mismos, sin importar que la trama carezca de mayor trasfondo.

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