Relatos japoneses de misterio e imaginación, de Edogawa Rampo


Edogawa Rampo traduce del japonés Edgar Allan Poe. Hacía años que había escuchado del ero-guro, un tipo de rebelión artística nacida durante los años 20 en Japón.
El manga sería el siguiente medio que daría al ero-guro su merecida atención. Suehiro Maruo y Junji Ito beben mucho de dicho movimiento a la hora de crear sus historias.

Los relatos: La butaca humana, La oruga, El infierno de los espejos y Los dos inválidos. Narraciones, una más lograda que la otra, pero, en general, son lecturas que no deja indiferente al lector.

La butaca humana sería un relato formidable, de no ser por su desenlace arrancado de los cabellos: Personalmente, la segunda carta que recibe la protagonista deshace todo el suspenso construido durante el relato. Pasamos de una historia escabrosa con un giro que te toma por sorpresa, a una resolución que por donde se le aprecie. Se siente anti-climático e innecesario. 
Algo así, como, si en el relato La continuidad de los parques, de Julio Cortázar. El último párrafo haya sido el protagonista despertando abruptamente de una pesadilla.

La oruga es por lejos su narración más formidable. Contiene terror, intriga y, además, logra transmitir incomodidad. Tsunaga, el protagonista minusválido, es un señor personaje, a pesar que no dice palabra alguna. A su vez, Tokiko, personaje de la esposa, complementa una narración en dónde su trasfondo podría interpretarse de distintas maneras. Ante todo en el aspecto psicológico.
Por mi parte, fue toda una experiencia leerlo. Incluso me recordó a la novela anti bélica "Jhonny his gun on", de Dalton Trumbo. La cuál solo recomiendo leer su no eres una persona sensible o impresionable.

Los dos inválidos tiene esa belleza de las que muchas narraciones carecen, además de un giro final que recuerda a las novelas policiacas. Se nos presenta a dos personajes memorables en su construcción. La premisa es sencilla, dos inválidos se conocen en unas aguas termales y rápidamente se entregan a una camaradería amistosa. No obstante, la confianza entre conversaciones desvela experiencias del pasado con heridas emocionales aún sin cicatrizar. El clímax de la narración es inesperada, fortuita y a avasalladora.

Finalmente El infierno de los espejos podría ser fácilmente una novela, gracias a sus dos personajes que no solamente logran tener química en su relación de amigos del colegio. Si no, que todo el tema de la obsesión que uno de ellos lleva hasta extremos inimaginables. Obsequian al lector momentos fascinantes y de pesadilla, como la danza tribal en una habitación con distintos tipos de espejos por doquier.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Relato XI: En pie de lucha

Reseña: Solo para fumadores, de Julio Ramón Ribeyro

Reseña: Cenicienta y otros cuentos, de Charles Perrault