Reseña: Chi no wadachi, de Shuzo Oshimi
Transcurría el año 2014 cuando, estresado por los parciales que se avecinan en la universidad. No encontré mejor forma para calmar mis nervios que por medio de lo que para ese entonces, era mi único acercamiento con la lectura.
Recuerdo que me hallaba en la sala de cómputo de la biblioteca. Cuando navegando en facebook, alguien compartió una serie de imágenes de sus recientes mangas(cómic de origen japonés) leídos. Una de estas imágenes captó de inmediato mi atención, averigué el nombre de la obra y me dispuse a su lectura. Quedando prendido por unas cuatro horas seguidas.
Está de más decir que no estudié nada para los exámenes, lo que semanas más tarde sería la razón porque abandoné esa carrera.
En fin, que el manga se llamaba Aku no hana, del autor Shuzo Oshimi. Una lectura que en pocas palabras, para describir la tendría que emplear adjetivos como: Hilarante, surreal, opresivo y apabullante.
Pasaría más de una década, para que una vez más, este autor y su obra. Me hallarán en un momento vulnerable de mi vida. Emocionalmente hablando. Porque, además de varios problemas personales, me encontraba en rebeldía constante con la lectura en general; hacía meses que no agarraba un libro y aunque uno que otro cómic me había entretenido, aún no encontraba algo que, nuevamente lograra captar tanto mi atención, como para hacerme evitar estudiar para unos parciales, por estar enajenado en la lectura.
Y esto lo lograría Chi no wadachi o, mayormente conocida en habla hispana como Rastros de sangre.
Desde mi experiencia en el mundo del noveno arte. Han sido muchos los mangas leídos en mi haber. Pero muy contados aquéllos que podría considerar como obras de excelsa calidad literaria.
A su vez, curiosamente, si algo identifica a estos títulos que, sin dudarlo los describiría como obras maestras. Serían los géneros que comparten: siendo el horror y el Thriller psicológico, los más destacados.
20th Century boys, Homunculus, Aula a la deriva, Dragón head, Oyasumi pun pun, Nigijara holograph y la ya mencionada Aku no hana. Serían algunos titulos a mencionar.
Aku no Hana, como ya describí, fue mi primer acercamiento con Shuzo Oshimi. Una historia que si tuviese que describir en una sola palabra. Esta sin duda sería: Apoteósica.
Respecto a Chi no wadachi o Rastros de sangre, mi impresión acerca de la magnífica historia que Oshimi logra construir a través de sus propias vivencias turbulentas para con su madre. Sería que -como poco suele suceder-, estamos ante otro gran logro a reconocer en su bibliografía.
¿Cuál consideraría mejor?
Esto me coloca en un dilema sumamente difícil. No obstante, disfruté de ambas historias. Ambas destacan en premisa, personajes bien construidos y un arte que obliga a detenerse para contemplar cada una de las páginas en dónde Oshimi expone un arte explícito y capaz de transmitir emociones.
Seichi y Seiko son dos personajes complejos.
Desde un inicio creí que el autor labraba su propia interpretación de Edipo Rey, de Sófocles. Pero la realidad fue incluso más satisfactoria.
La historia evita que te sientas cómodo por mucho tiempo. Porque, así como llego a mencionar Kafka:
<<Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros».
También es una historia capaz de generar ansiedad, momentos escabrosos y a la vez, hacer un estudio del comportamiento humano. Porque, si algo destaca es lo indispensable que es la niñez en la formación mental-emocional en una persona; algo así, como los pilares que sostendrán lo que será años más tarde, como un adolescente o ya en su vida adulta.
Seichi es un ejemplo de como un hijo que es criado con traumas, desarrolla complejos tanto para desenvolverse con su entorno, desarrollar amistades, relacionarse con el sexo opuesto o, simplemente, saber comunicarte con los demás(destaco toda la parte en como a través del tartamudeo, se nos muestra una secuela de un niño ante algo que lo perturbó notablemente).
Algo que también me pareció increíble fue como el autor logra plasmar distintos puntos de vista del protagonista. Cambiando el estilo de arte, y haciéndolo cada vez, mucho más deformado y surrealista. Entre más seguía sufriendo psicológicamente el personaje.
Sin dudarlo, de mis mejores lecturas no solo del presente año, si no, inclusive, de lo que llevo existiendo en este mundo.


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